Revolcadores (Murcia)

viernes, 14 de abril de 2017

Techo de Tarragona: Mont Caro (1.442 m) - Alfara de Carles, Tortosa y Roquetes (TARRAGONA)



Datos técnicos:
Nombre de la ruta: Techo de Tarragona: Mont Caro.
Municipios: Alfara de Carles, Tortosa y Roquetes.
Provincia: Tarragona.
Techo provincial: Mont Caro  (1.442 m).
Distancia: 8,74 kilómetros.
Tiempo total: 4h 10’.
Tiempo en movimiento: 2h 35’.
Tiempo detenido: 1h 35’.
Desnivel positivo: 570 m.
Altitud mínima: 1.067 m (en la carretera del Mascar, en el cruce hacia la Cova Avellanes y la Font del Mascar).
Altitud máxima: 1.442 m (Mont Caro).
Tipo: circular.
Señalización: Parcialmente señalizada. Parte de la ruta coincide con el GR-7. El resto de la ruta se encuentra señalizado con marcas rojas.
Dificultad: Media.
Cartografía: Mapa Topográfico 1:25.000 521-2 Caro.
Fecha: 27 de marzo de 2016.

Acceso:

Para llegar hasta el punto de inicio de la ruta (refugio Mont Caro) no cogimos la vía más rápida que es la AP-7 sino que fuimos por la N-340 desde Sagunto hasta Amposta. Dejamos esta carretera para seguir por la C-12 hasta Tortosa. Allí seguimos las indicaciones dirección Roquetes y Alfara de Carles. Tras cruzar la población de Roquetes se continúa por la carretera T-342 hasta un cruce señalizado donde aparece la dirección a seguir hacia Monte Caro, a 13 kilómetros desde ese punto según la señal. Seguiremos esa tortuosa carretera, conocida como carretera del Caragol, unos 16 kilómetros (algo menos de media hora) hasta el refugio.

Descripción:

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El Monte Caro (Mont Caro en catalán), o simplemente Caro, es el punto de mayor altitud de la provincia de Tarragona con sus 1.442 metros. Se localiza en el macizo de Els Ports, en la parte sur de la cordillera Costero Catalana, y más concretamente de la cordillera Prelitoral, próxima al enlace con el Sistema Ibérico. El relieve del Caro, al igual que el conjunto de la cordillera a la que pertenece, posee una dirección NE-SW, paralela a la costa del Mediterráneo. Formado durante la orogenia alpina, este macizo está compuesto principalmente de materiales calcáreos mesozoicos (Jurásico Superior) y presenta un paisaje montañoso y muy abrupto.

Desde un punto de vista geográfico, el Caro se encuentra al sur de la provincia de Tarragona, en un espacio natural compartido con el norte de Castellón y el noreste de Teruel: los Puertos de Tortosa-Beceite. Aunque son tres las comarcas tarraconenses por las que transcurre este macizo (Montsià, Baix Ebre y Terra Alta), el Caro se localiza en la comarca del Baix Ebre, y la ruta que nos acerca a esta cima transcurre por los límites de tres términos municipales: Alfara de Carles, Roquetes y Tortosa. Llama la atención la proximidad de este techo provincial, de más de 1.400 metros de altitud, del mar Mediterráneo, a escasos 30 kilómetros en línea recta, separados por la depresión del Valle del Ebro.

Los valores geológicos, paisajísticos, y las comunidades vegetales y animales presentes en el macizo hicieron que este espacio fuera declarado Parque Natural de Els Ports y de la reserva natural parcial de las Fagedes dels Ports por decreto 160/2001, de 12 de junio, publicado en el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya número 3414 (21/06/2001). Su superficie es de 35.050 hectáreas, de las que cerca de 13.000 son de propiedad privada. Como curiosidad cabe señalar que el 28% de la superficie del parque se encuentra por encima de los 1.000 metros de altitud.

Sin embargo, la declaración como Parque Natural no era ni la primera figura de protección de este espacio ni la última. Antes de esta declaración, en 1966 se creó la Reserva Nacional de Caza de Els Ports de Tortosa-Beseit, y en 1992 se incluyó en el Plan de Espacios de Interés Natural (Decreto 328/1992). Después de la declaración del Parque Natural también aparecieron otras figuras de protección: Refugio de Fauna Salvaje (2006), ZEPA (2006), LIC (2008), Reserva de la Biosfera (20013) y ZEC (2014). No cabe duda que nos encontramos en un lugar de indudables valores medioambientales.

El punto de partida de la ruta es el Refugio Mont Caro, lugar estratégico en el recorrido del GR-7 ya que es el final de la etapa 23 (Paüls - Refugi de Caro) y el comienzo de la 24 (Refugi de Caro - Fredes), última etapa del sendero de gran recorrido por tierras catalanas antes de adentrarse a las tierras valencianas por el norte de Castellón. El refugio, construido sobre una antigua masía en 1968, pertenece a la Unión Excursionista de Cataluña (UEC) y se encuentra por encima de los 1.000 metros de altitud. No perdimos la ocasión de disfrutar de estas instalaciones y del amable trato de los guardas del refugio, al igual que otros tantos grupos de excursionistas y montañeros que allí pernoctaron.

Por la mañana salimos del refugio siguiendo las marcas blancas y rojas del GR-7 (última etapa por tierras tarraconenses) y por un pequeño sendero enlazamos con la carretera de las urbanizaciones del Mascar. Seguiremos por ella hacia la derecha, dirección sudoeste, en todo momento atentos a las marcas del GR. A nuestra izquierda quedan las abruptas paredes del macizo de Caro y en lo más alto las antenas de telecomunicaciones instaladas.

Al poco rato de caminar por la carretera nos encontramos con una bifurcación. Hacia la derecha se va dirección a la Font del Mascar, y todo recto hacia la Cova Avellanes, Fredes y Beseit. Continuaremos por esta última, todo recto por donde también continúa el GR-7, aunque estaremos atentos porque poco más adelante se abandona la carretera hacia la izquierda para adentrarnos por senda en un bosque frondoso de pinos negral (Pinus nigra ssp. salzmannii) y silvestre (Pinus sylvestris). El sotobosque también es rico y frondoso donde abunda el boj común (Buxus sempervirens) y en menor medida el acebo (Ilex aquifolium). También nos encontramos algunas pequeñas flores como la hepática (Anemone hepatica) y la violeta (Viola willkommii).

Aquí comienza la subida, a la sombra del pinar, con pendiente suave que después va en ligero aumento. En algunos tramos nos encontramos escalones hechos con pequeños troncos. No se tarda mucho tiempo en alcanzar un pequeño collado entre salientes rocosos llamado Coll dels Pallers, primer momento de la ruta en el que se obtienen vistas hacia el Mediterráneo y el abrupto relieve de la vertiente oriental de esta sierra. En este lugar nos separamos del GR-7 que continúa hacia el sudoeste. Nosotros seguiremos hacia la izquierda dirección a la Moleta Redona.

Superamos los 140 metros de desnivel que nos separan desde el Coll dels Pallers hasta la Moleta Redona siguiendo un sendero que alguien ha pintado con pequeñas marcas rojas y que nos sirven de referencia. Estas marcas las encontraremos a lo largo de todo el recorrido y que nos ayudan mucho para seguir el camino correcto. En el ascenso a la Moleta vemos los primeros buitres (Gyps fulvus) sobrevolando por encima de nosotros, y una vez arriba podemos contemplar un relieve montañoso con numerosos barrancos que descienden rápidamente a la llanura litoral. Aunque nos encontramos en el dominio de la cabra montés (Capra pyrenaica subsp. hispanica), a la que hemos visto en innumerables ocasiones en otras salidas montañeras, no vimos esta vez ninguna en toda la ruta.

Desde la Moleta ya se ven perfectamente las antenas del Caro y la dirección que debemos seguir. A medida que nos vamos acercando a nuestro objetivo, la pared rocosa a la que debemos hacer frente nos ofrece una sensación de dificultad. Sin embargo, el sendero busca el paso fácil por la vertiente occidental adentrándonos de nuevo en el pinar. Tras salvar algún que otro trecho con mayor pendiente, alcanzamos sin problemas la parte trasera de las antenas, y tras rodearlas, por fin, el Caro que con sus 1.442 metros de altitud es el punto más elevado de la provincia de Tarragona.

El primer lugar al que nos dirigimos es al mirador del Caro, realizado los años 2002 y 2003 por el taller ocupacional Mestre Marger, donde se encuentra un monolito en el que figura que la cota del Caro es de 1.447 metros. Aquí, como en otras muchas montañas, encontramos diferentes altitudes. Nosotros nos basamos en la cota que figura en la cartografía 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional que es de 1.442 metros, altitud que también recoge una placa metálica colocada en una roca junto al mirador en conmemoración al centenario de l’Agrupació Excursionista “Catalunya” (1912-2012). En el monolito se pueden leer unos versos dedicados al Caro en 1989:
Neu, rosades, sol i vent
garlandes que et coronen
colós Caro, roquetenc,
et volem lliure
com l’aire que t’envolta.

Apenas un mes después de nuestra visita al Caro, comenzaron las obras de remodelación del mirador, obras que duraron hasta octubre de 2016. El actual mirador cuenta con una pasarela de madera accesible para personas con movilidad reducida hasta la plataforma en la que hay paneles con información interpretativa. Además, cerca del mirador se ha habilitado un pequeño parking en el que caben hasta siete vehículos, incluida una plaza para personas con movilidad reducida, lo que hace aún más accesible este pico para los visitantes del Parque Natural.

Las vistas desde este punto son impresionantes. Se puede contemplar todo el delta del Ebro, formación debida a los sedimentos transportados por el río y depositados en la desembocadura en el Mediterráneo. A nuestros pies, las abruptas laderas surcadas por numerosos barrancos que descienden a la llanura, perfectamente delimitada, cultivada y salpicada por núcleos de población y construcciones. Al sur del delta y cerca del mar destaca la Serra de Montsià que nos hace de barrera visual y nos impide ver completamente Sant Carles de la Ràpita.

Y después de disfrutar de las vistas nos dirigimos al punto más elevado, al lado de las antenas, donde se encuentra la imagen de la Mare de Déu de la Cinta. Debajo de la hornacina de esta figura hay un pequeño buzón donde visitantes y senderistas han dejado constancia de su paso con escritos de todo tipo. En este lugar, en 2014, se realizaron una serie de actuaciones para la eliminación de elementos negativos del paisaje con la retirada, entre otras cosas, de la caseta que la Unión de Radioaficionados Española instaló en 1979 y del vértice geodésico que ya no era vigente.

Tras un largo rato en Caro comenzamos el regreso por una senda que va cruzando la serpenteante carretera que llega hasta la cima, delicia para los ciclistas de la zona que utilizan esta carretera de montaña (carretera del Caragol) para sus salidas y entrenamientos. Las pequeñas marcas rojas pintadas a lo largo del sendero nos sirven de referencia. A la altura del Coll del Vicari caminamos por la carretera un pequeño tramo y antes de abandonarlo nos encontramos un cartel con una de las rutas del Parque Natural: Itinerari dels bassis de Caro, ruta de 3,4 kilómetros ida y vuelta. Teníamos pensado añadir este tramo al recorrido que estábamos haciendo pero decidimos no hacerlo por motivos de falta de tiempo y climatología pues soplaba un aire bastante fuerte. De esta manera seguimos descendiendo por el sendero, dirección noroeste, para buscar la carretera del Mascar.

Una vez alcanzada esta carretera, nos queda poco trayecto para llegar al refugio punto de inicio. En este tramo hay algunas señales del GR-171 Santuari de Pinós – Refugi de Caro. Es un sendero de 275 kilómetros que parte de la población leridana de Pinós y transcurre paralelo al GR-7. Coincidimos con la parte final de este sendero de gran recorrido que finaliza en el refugio donde también finaliza nuestra ruta.




jueves, 30 de marzo de 2017

Sendero AG-1. Itinerario a los restos del reino glaciar. Tarazona y Ágreda (ZARAGOZA y SORIA).



Datos técnicos:
Nombre de la ruta: Sendero AG-1. Itinerario a los restos del reino glaciar.
Municipios: Tarazona y Ágreda.
Provincias: Zaragoza y Soria.
Techo provincial: Moncayo o pico de San Miguel  (2.314 m).
Distancia: 13,51 kilómetros.
Tiempo total: 7h 05’.
Tiempo en movimiento: 4h 37’.
Tiempo detenido: 2h 28’.
Desnivel positivo: 990 m.
Altitud mínima: 1.334 m (Fuente de los Frailes).
Altitud máxima: 2.314 m (Moncayo).
Tipo: lineal.
Señalización: Ruta oficial del Parque Natural con señalización vertical (postes con indicadores). Es recomendable seguir las indicaciones del GPS ya que en algunos puntos hay bifurcaciones de sendas. Parte del recorrido coincide con el sendero GR 90.1 con marcas blancas y rojas.
Dificultad: Media-alta por el desnivel acumulado. Según la época del año puede aumentar la dificultad (invierno-primavera) por la nieve, hielo o viento.
Cartografía: Mapa Topográfico 1:25.000 352-1 Añón de Moncayo.
Fecha: 12 de junio de 2016.

Acceso:
El inicio de la ruta se encuentra en el parking habilitado en la Fuente de los Frailes, en el Parque Natural del Moncayo, en una de las curvas de la carretera que sube hasta el Santuario del Moncayo.
Tomamos la A-23, autovía Mudéjar, como vía principal hasta Cariñena, donde la abandonamos para buscar la carretera A-220. Por esta carretera seguimos hasta La Almunia de Doña Godina, y desde allí continuamos por la A-121 hasta las proximidades de Magallón donde enlazamos con la N-122. Por esta carretera llegaremos a Vera de Moncayo después de pasar por Borja, Maleján y Bulbuente.
En Vera de Moncayo pasamos la noche. A la mañana temprano nos dirigimos hacia el inicio de la ruta a unos 11 kilómetros de distancia. Por la carretera CV-610 nos dirigimos dirección Trasmoz y a la altura de este pueblo nos desviamos hacia la izquierda dirección Litago (a 3 kilómetros). A la entrada de Litago se hace un giro para seguir por la calle que bordea este pequeño pueblo por la parte norte, y continuar por la carretera asfaltada hacia el Moncayo. En el siguiente cruce, donde veremos indicaciones de “prohibido aparcar en todo el Parque Natural excepto en lugares habilitados expresamente”, seguiremos ligeramente hacia la derecha hasta llegar al parking de la Fuente de los Frailes.

Descripción:

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El Moncayo o Pico de San Miguel es la máxima cota no sólo de las provincias de Zaragoza y Soria sino también de todo el Sistema Ibérico. Su altitud, de 2.314 metros, y su aislamiento la convierten en una montaña solitaria, una montaña fácil de divisar desde la lejanía, incluso desde el Pirineo occidental. Se alza majestuosa destacando sobre el valle del Ebro. Su cima se encuentra cubierta de un manto blanco de nieve varios meses al año, característica de la que puede derivar el topónimo Moncayo al hacer referencia a la voz latina Mons caius (monte blanco o monte cano).
Desde un punto de vista geográfico, el Moncayo es una sierra de frontera entre tierras aragonesas y castellanoleonesas. Se encuentra al nordeste de la provincia de Soria y al oeste de la provincia de Zaragoza, entre las comarcas que reciben su nombre de esta emblemática montaña: comarca del Moncayo (Soria) y comarca de Tarazona y el Moncayo (Zaragoza).
La diferencia de cota entre el vecino valle del Ebro a menos de 500 metros de altitud y los más de 2.300 del Moncayo, la posición geográfica de la sierra entre las influencias del clima atlántico y el mediterráneo, su composición geológica de cuarcitas, pizarras y rocas sedimentarias triásicas, le confieren unas características singulares que se han traducido en una riqueza paisajística y medioambiental de gran valor. La “belleza natural” de este lugar ya fue reconocida en 1927 al recibir la declaración, por Real Orden de 30 de julio, de Sitio de Interés Nacional el monte Dehesa del Moncayo. No es hasta 1978 cuando deja de ser Sitio de Interés y es declarado Parque Natural de la Dehesa del Moncayo (Real Decreto 3060/1978, de 27 de octubre) con una superficie que no llegaba a las 1.400 hectáreas. Veinte años después se aprueba el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de la Comarca del Moncayo y se declara el Parque del Moncayo por Decreto 73/1998, de 31 de marzo, del Gobierno de Aragón con una superficie de 9.848 hectáreas. Y en 2007, el Gobierno de Aragón aprobó un decreto por el que se ampliaba el parque hasta las 11.144 hectáreas que posee en la actualidad.
La ruta escogida para ascender a este techo provincial compartido es un sendero habilitado por el Parque Natural que asciende por la parte zaragozana de la montaña, vertiente por la que pasaremos por diferentes pisos bioclimáticos y donde la acción de los hielos cuaternarios excavaron tres circos glaciares. De la existencia de estas formaciones viene el nombre de esta ruta: Itinerario a los restos del reino glaciar. Es, sin lugar a dudas, la ruta estrella de este espacio protegido.
En el inicio del recorrido, en la Fuente de los Frailes, nos encontramos un aparcamiento habilitado con 53 plazas. Cabe recordar que el aparcamiento en el Parque Natural del Moncayo se encuentra regulado, estando prohibido aparcar fuera de los lugares señalizados y acondicionados para tal efecto. Allí mismo hay varios carteles informativos sobre el parque natural, la ruta y el aparcamiento. En el cartel donde aparece el número de plazas de aparcamiento también se indica la altitud a la que nos encontramos, 1.334 metros, cota que nos separa en casi 1.000 metros de desnivel de la cima del Moncayo (2.314 metros).
Comenzamos a caminar por la pista que se dirige hacia el Santuario durante unos 500 metros antes de abandonarla hacia la izquierda por la senda que indican las señales. A partir de aquí, y hasta el santuario, también nos encontraremos marcas blancas y rojas del Sendero Ibérico Zaragozano GR 90.1. Acompañados de imponentes pinos silvestres (Pinus sylvestris) iremos ascendiendo suavemente. No se tarda en cruzar la pista por primera vez y seguir ascendiendo por la senda, aunque enseguida haremos una parada para contemplar los restos de lo que fue el nevero o pozo de nieve del Prado de Santa Lucía, antiguo depósito donde se almacenaba la nieve para su posterior comercialización.
Nos llama la atención, durante el primer tramo a lo largo de la senda y a primera hora de la mañana, las grandes babosas negras (Arion ater) que nos encontramos. Su color negro no pasa desapercibido entre el verde del musgo y el grisáceo de las rocas. Esta especie de molusco gasterópodo puede sobrepasar los 10 centímetros de longitud, y se alimenta principalmente de plantas y hongos, aunque no desaprovecha ocasionalmente insectos o materia vegetal en descomposición.
Seguimos ascendiendo y, entre los pinos, vamos viendo ejemplares de rebollo o roble melojo (Quercus pyrenaica) y hayas (Fagus sylvatica), formando éstas últimas uno de los hayedos más meridionales de toda Europa. Pronto cruzaremos por segunda vez la pista de tierra para seguir por la senda que nos llevará hasta el Santuario de la Virgen del Moncayo, donde realizaremos una nueva parada. En esta gran construcción, perteneciente al Cabildo Catedral de Tarazona, nos encontramos a 1.620 metros de altitud. Del siglo XIII son los documentos más antiguos que se han encontrado con referencias al santuario. En la actualidad tiene una función mucho más turística: albergue y restaurante. Hasta él accede una carretera que lo convierte en un lugar concurrido por visitantes y también por los senderistas que toman como inicio de la subida al Moncayo este sitio.
A partir de aquí el sendero GR 90.1 toma otra dirección y dejaremos de ver las marcas blancas y rojas. Nosotros seguiremos ascendiendo, no sin antes pasar junto a la fuente de la Jarra que se encuentra al lado del santuario. El pinar espeso comienza a dar paso a un pinar más escaso donde el piornal (Cytisus oromediterraneus), en flor, comienza a ganar terreno junto a la senda. Encontramos en este sendero un cartel que nos recuerda dos aspectos importantes del tramo entre el santuario y la cima: su fragilidad y su origen.
El masivo paso de personas por esta zona camino a la cumbre del Moncayo, en muchas ocasiones originando sendas secundarias, provocaba problemas de erosión y daños a la vegetación. Para evitar esta situación, en 2014, se realizaron labores de restauración y delimitación del sendero con refuerzos de mampostería y cierre de numerosos atajos. Todo ello para facilitar el acceso de los visitantes a la cima del Moncayo a la vez que preservar una senda con más de 150 años.
El motivo por el que se realizó está senda fue para la observación del eclipse de Sol de 1860 tal y como se puede leer en el informe escrito por D. Eduardo Novella al Excmo. Sr. Comisario Regio del Observatorio de Madrid. La importancia de observar un eclipse total de Sol hizo que se enviara al Moncayo una comisión astronómica formada por miembros de los observatorios de Madrid y Paris. El primero en llegar al santuario fue D. Eduardo y allí mismo se dio cuenta que no era buen emplazamiento para la observación al encontrarse en mitad de la falda de la montaña por lo que le ocultaba parte del horizonte. El 1 de julio de 1860 subió a la cima del Moncayo y quedó convencido que ese era el lugar idóneo para realizar los trabajos de observación, y así es como lo reflejó en su informe:
… este sitio me pareció buen punto de observación, no solo por su inmenso horizonte, sino por la diafanidad de la atmósfera, que en aquel día bien despejado presentaba una pureza admirable”.
Fue entonces cuando mandó que se abriera una senda para subir los instrumentos para la observación, y que en lo alto se construyera una caseta de piedra con techo de madera para poder resguardarse del fuerte viento. Los trabajos se realizaron pero la caseta se derrumbó nada más ponerle el techado. Y los problemas no acabaron ahí ya que la mañana del 18 de julio, día del eclipse, amaneció con una densa niebla que hizo dividirse a las comisiones, quedando en el santuario los instrumentos difíciles de transportar y bajando al llano el resto.
Dejamos atrás el cartel informativo de la senda y continuamos ascendiendo entre los últimos pinos. Las vistas se van aclarando y comenzamos a ver los primeros canchales. Al pasar la cota de los 1.800 metros nos ubicamos en la base del impresionante circo de San Miguel. Es a partir de este punto donde crece la pendiente y, para salvar el desnivel restante, la senda adquiere un trazado zigzagueante. El ascenso se realiza por terreno pedregoso por la divisoria entre los circos glaciares de San Miguel, también conocido como del Cucharón, y San Gaudioso. Caminamos a través de un paisaje modelado por un glaciarismo cuaternario originado en la ladera aragonesa, más umbría, donde el resultado de los procesos erosivos ha generado masas caóticas de bloques heterométricos.
Finalizada la empinada subida se alcanza la loma Alto del Moncayo y se gira hacia la derecha, dirección noroeste, para seguir por la cresta dirección al vértice geodésico del Moncayo o Pico de San Miguel (2.314 m). Poco más de un kilómetro nos separa de la cima a la que llegamos caminando junto al borde superior del circo y contemplando las últimas manchas de nieve que aún no se han derretido. La bienvenida al techo zaragozano y soriano nos la da una construcción similar a un vértice coronada por la imagen de la Virgen del Pilar, instalada allí por el club deportivo zaragozano Stadium Casablanca en 1960. Aunque la imagen de la virgen ha “desaparecido” en varias ocasiones por las inclemencias meteorológicas o por actos vandálicos, en esta ocasión allí se encontraba. Y finalmente, unos metros más adelante, alcanzamos el vértice desde donde se puede contemplar la inmensidad de las vistas sobre el cerca valle fluvial del río Ebro, y en la profundidad del horizonte los Pirineos.
El regreso hasta la fuente de los Frailes se realiza por el mismo sitio deshaciendo los pasos caminados hasta aquí y disfrutando nuevamente de las vistas que nos ofrece la perspectiva de bajada.